Vanessa Nahoul

REVISTA FULCRUM 2012, Editada por la Escuela de Lancaster.

Dedicada a las Artes: “FORMAS DE VER Y ENTENDER EL ARTE. EL EJERCICIO DE PENSAR Y OPINAR.”

Artículo:

SUEÑOS Y REMINISCENCIAS EN EL PARAÍSO
Por: Vanessa Nahoul Serio

Cada artista tiene una personalidad individual, es decir un conjunto de características psicológicas y formas de comportamiento que, al integrarse, constituyen su núcleo irreductible y éste perdura como tal en la multiplicidad y en la diversidad de las situaciones ambientales en las que se manifiesta y actúa (Galimberti, 2002) (1). Dicha personalidad del artista se distingue en sus expresiones estéticas y se expresa a través de los colores, las formas  y el contenido de la obra estética que crea, como se sostiene en el libro Psicología Psicoanalítica del Arte (González y Nahoul, 2008) (2). De la misma manera se expresa mediante la elección de temas específicos que gustan a los artistas y que ellos a su vez esperan que le gusten al espectador y que incluso pueden llegar a distinguirlos: tal es el caso de Martha Chapa (n. 1946) y sus manzanas arquetípicas, de Frida Kahlo (1907-1954) y sus autorretratos característicos, de Diego Rivera (1886-1957) y sus indígenas con alcatraces, de Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682) y sus temas de vírgenes y ángeles, de Claude Monet (1840-1926) y sus paisajes de lirios, etc.

Me voy a permitir exponer el contenido temático de mi serie de cuadros titulada “Sueños y reminiscencias en el Paraíso” constituida por más de 30 cuadros –pinturas al óleo, dibujos en carboncillo- a través de los cuales trato el tema de la pareja primigenia, Adán y Eva, en el paraíso. Se trata de cuadros pintados a partir de modelos profesionales reales (no fotos) con quienes se establece un diálogo silencioso en el momento de la creación. Cada modelo contribuye con su individualidad y su capacidad de expresarse a través de las posturas de su cuerpo. El trabajo con modelo obliga al artista a trabajar con mayor precisión y claridad de los objetivos que persigue y a sobreponerse del impacto del cuerpo, de la mirada, de la afectividad y hasta de la personalidad del modelo para poder empezar a trabajar concentrándose en buscar la expresión que se persigue de acuerdo al propio tema elegido, que en este caso ha sido el de la pareja en el Edén.

La técnica del óleo permite un trabajo progresivo, en sesiones de muchas horas y capas sucesivas para lograr los matices de color y las formas expresivas  buscadas. Al final, el modelo no es el mismo ni el pintor lo es: ambos se han transformado durante esas largas horas de trabajo disciplinado, de contemplación, de esfuerzo y de búsqueda.

En cuanto a temática, estas obras tienen que ver con el amor, con todos los afectos que se dan en la relación de pareja, que hacen sentir que la vida vale la pena vivirla. El origen de la idea es plasmar cómo desde la relación de pareja se puede recuperar la vivencia del Paraíso pues desde ahí se puede reencontrar y tener comunicación íntima con el otro. Se trabaja con figura humana desnuda la cual pretende mostrar la espiritualidad del cuerpo humano en la relación amorosa con su pareja. Dichos cuadros además son precedidos por la mirada de los personajes la cual invita también a la mirada del espectador,  para presenciar la comunicación silenciosa entre los miembros de la pareja acerca de sus afectos, sus sueños y  sus reminiscencias.

Los sueños se entienden como la actividad mental que se desarrolla mientras se duerme y de la que se pueden conservar al despertar imágenes, pensamientos y emociones que caracterizan la escena onírica. También los sueños se entienden como anhelos que tiene el ser humano y además como las metas que aspira a alcanzar. Los seres humanos sueñan con una relación de pareja profunda, íntima, satisfactoria.

Las reminiscencias son las memorias, los recuerdos que se tienen de los seres queridos primigenios, aquéllos (mamá, papá, hermanos) que nos enseñaron el significado del amor y que nos enseñaron a darle sentido a la vida mediante la mirada, la compañía y la entrega al otro. La huella de esos primeros recuerdos cargados de afectos es la que acompaña al ser humano para formar una relación de pareja en su adolescencia o su vida adulta. El arte es memoria, es reminiscencia, que perdura en el tiempo.

El ser humano tiene la necesidad del arte porque le da la oportunidad a las personas de hacer un cambio desde su interior y llevarlo hasta lo exterior. El paraíso juega un papel importante en esta serie pues a través de la desnudez de los personajes del Edén se expresa la pureza del espíritu.

De ahí entonces que el Paraíso es ése lugar agradable, ameno, delicioso, que fue morada de la pareja primigenia. Fue, y sigue siendo, el lugar en donde se origina el deseo. Sólo es posible que exista el paraíso porque hay amor en el mundo para crearlo. Ahí se encuentran por primera vez amor y deseo y engendran a Adán y a Eva. Es ahí en donde Adán y Eva nacen y viven uno para el otro. Una de sus tareas primordiales es descifrar el misterio que encierran sus miradas. En el Paraíso una mirada se parece al amanecer…. el otro a veces tiene ojos de alba virgen o bien de crepúsculo encendido por la pasión.

En el Paraíso, o jardín del Edén, la desnudez es sagrada. Así lo es también sagrado el erotismo. La desnudez ilumina la presencia de ambos y los guía a través de la relación que los une. La razón de ser del Paraíso es hallar la pureza de espíritu, la nobleza del alma, la confianza en el otro.

Los diálogos en el Paraíso son silenciosos unas veces, otras, son sonoros, pero siempre hay diálogo,  conversación y comunicación íntima entre Adán y Eva. Por eso es que el paraíso es creado por los dos. La persona sola puede anhelarlo, soñarlo, pero sólo los dos lo crean, lo viven  y lo recrean el uno en el otro. En el Paraíso inicia el Nosotros y termina para siempre la soledad. Decir Adán sugiere la existencia de Eva y Eva siempre se remite a Adán, ambos unidos, complementarios, comulgando en el sentimiento amoroso, sin subordinación, ni violencia, ni anulación.

En el Paraíso ambos están  invitados a transformarse, a cambiar, a ponerse las alas del espíritu para volar y convertirse en la mejor versión de sí mismos para alcanzar la plenitud emocional y conservar los ideales que comparten.  El Paraíso es ese lugar en donde por el amor adquiere sentido todo lo demás y se está dispuesto a dar la vida por el otro, por ese otro único e irremplazable.

El Paraíso se alimenta de instantes. Si no se tiene un sueño, si no se tiene una reminiscencia de ese Edén emocional con el Otro no se tiene nada, tal vez incluso no se siente lo que es ser plenamente humano. Hoy, la inseguridad, la desconfianza, la violencia y el dolor amenazan con aniquilar los paraísos emocionales. Cada vez se desintegran con mayor rapidez más parejas y muy pronto abandonan sus sueños compartidos. Esto es un problema personal, un problema de pareja y un problema social también. La idea es poder transmitir que todos tenemos siempre la alternativa de buscar el paraíso emocional de la relación de pareja….en la mirada, en la expresión del cuerpo, en el erotismo, siempre en la compañía del otro……. con la seguridad de que se puede encontrar…los paraísos emocionales, es decir, las relaciones de pareja felices son promotoras también de gozo estético profundo y ¿por qué no decirlo? de salud mental, personal y social.  

Vanessa Nahoul Serio presenta en este artículo cuatro obras de su autoría:  “Aprendiendo a Volar” ( Óleo sobre tela, 90 x 70 cms. 2010) “Primavera en el Edén”, (Óleo sobre papel, 50 x 66 cms.2010) y “Verano en el Edén” (Óleo sobre papel, 66 x 50 cms. 2010) y “Reposo” (Óleo sobre lino, 120 x 42 cms. 2010).

Es exalumna de la Escuela de Lancaster, generación 1984-1989.

Referencias: Galimberti ,U. (2002) Diccionario de psicología. México: Siglo XXI editores.
González, J.J. y Nahoul, V. (2008) Psicóloga Psicoanalítica del Arte. México: Ed. Manuel Moderno.

 

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